“Mi perro no me hace caso”. Es una frase que escuchamos a menudo cuando hablamos con propietarios que vienen a Conductcan buscando ayuda. Algunos nos cuentan que en casa su perro responde perfectamente, pero que al cruzar la puerta parece olvidarse de todo. Otros tienen el problema especialmente en el parque: lo llaman y sigue jugando, oliendo o pendiente de cualquier cosa que ocurra a su alrededor.
Y es comprensible que esto genere frustración. Lo llamamos una vez, dos, tres… y nada. Al final terminamos pensando que nuestro perro es desobediente o que sabe perfectamente lo que le estamos pidiendo y, simplemente, ha decidido ignorarnos.
Pero antes de llegar a esa conclusión conviene hacerse otra pregunta: ¿hemos enseñado realmente a nuestro perro a prestarnos atención en esa situación?
¿Por qué mi perro no me hace caso?
No hay una única respuesta. Depende del perro, del entorno en el que nos encontremos, de lo que le estemos pidiendo y, sobre todo, de hasta qué punto ha aprendido realmente a responder a nuestras indicaciones.
Una de las cosas que debemos tener presentes es que no es lo mismo trabajar con un perro en el salón de casa que hacerlo en un parque lleno de olores, perros, personas, bicicletas y sonidos.
Puede saber perfectamente qué significa una señal cuando estamos solos y, sin embargo, tener muchas más dificultades para responder cuando todo lo que sucede a su alrededor compite por su atención.
Hay demasiadas cosas interesantes a su alrededor
Pensemos en un paseo desde la perspectiva del perro. Nosotros conocemos la calle de memoria. Para él, en cambio, hay olores nuevos, rastros de otros perros, personas que pasan, coches, sonidos y multitud de estímulos que cambian constantemente.
Pretender que en ese contexto nos preste la misma atención que dentro de casa no siempre es realista, especialmente si nunca hemos trabajado con él de forma progresiva.
Por eso, cuando un perro responde bien en casa pero deja de hacerlo en la calle, no significa necesariamente que haya dejado de obedecer. En muchos casos significa que esa obediencia todavía no es suficientemente sólida como para mantenerse cuando aparecen estímulos más interesantes.
Un perro puede responder perfectamente a una orden dentro de casa, donde apenas existen distracciones, y mostrar muchas más dificultades en un parque, rodeado de otros perros, olores, personas o sonidos. Para hablar de una obediencia realmente eficaz, el aprendizaje debe consolidarse también fuera de los contextos más sencillos.
Puede que todavía no entienda bien qué esperamos de él
A veces repetimos una palabra tantas veces que terminamos convencidos de que nuestro perro debería conocerla.
“Ven, ven, ven, ven…”. Pero repetir una señal no significa haberla enseñado.
Para que el perro pueda responder de forma fiable necesita aprender qué esperamos exactamente cuando escucha esa palabra y practicarlo en situaciones diferentes. Primero será más sencillo hacerlo en un entorno tranquilo y, a medida que lo vaya comprendiendo, podremos trabajar en lugares donde haya cada vez más distracciones.
¿Qué ocurre cuando finalmente viene?
La llamada es una de las órdenes más importantes que podemos trabajar con nuestro perro y, precisamente por eso, debe tener un significado claro.
Cuando lo llamamos, el perro debe saber qué esperamos de él: dejar aquello que está haciendo y acudir hasta nosotros. Si unas veces exigimos que responda y otras dejamos pasar que ignore la llamada, la orden puede ir perdiendo eficacia.
La obediencia se construye mediante la práctica, la constancia y la repetición de señales claras. Igual que ocurre con otros aprendizajes, cuanto mejor consolidadas estén las órdenes más sencillas, más fácil será conseguir una respuesta fiable en situaciones de mayor dificultad.
Esto no significa que el paseo deba convertirse en una sucesión constante de órdenes. El perro necesita explorar, olfatear y disfrutar del entorno. Pero cuando utilizamos una señal que ya conoce, debemos procurar que tenga siempre un significado claro y que nuestra forma de pedirla sea coherente.
La satisfacción del tutor, el contacto, el juego o cualquier otra recompensa que resulte positiva para ese perro también ayudan a reforzar una respuesta correcta. Con el tiempo, esta comunicación clara y consistente contribuye a construir una convivencia más fluida entre perro y persona.
Puede haber dolor o un problema de salud detrás
No siempre estamos ante un problema de educación. El dolor, las molestias o determinados problemas de salud también pueden influir en la forma en que un perro responde. Incluso en un perro adoptado podemos interpretar como desobediencia un comportamiento que ya existía y cuya causa desconocemos.
Si evita ciertos movimientos, muestra incomodidad, está más irritable de lo habitual o sospechamos que puede existir algún problema físico, conviene consultarlo con un veterinario antes de atribuirlo únicamente al comportamiento.
La atención de un perro también se trabaja
Esperar que nuestro perro esté pendiente de nosotros simplemente porque somos sus propietarios suele conducir a bastantes malentendidos. La atención se construye. Y se construye en muchas situaciones cotidianas, no únicamente durante una sesión de adiestramiento canino.
Cuando interactuamos con nuestro perro, cuando jugamos juntos o cuando trabajamos pequeños ejercicios estamos creando oportunidades para comunicarnos. Con el tiempo, aprender a prestarnos atención puede convertirse también en parte de esa relación. Esto no significa que un perro tenga que pasar todo el paseo mirándonos. Todo lo contrario.
Un perro necesita tiempo para olfatear, explorar su entorno y comportarse como un perro. El objetivo no es conseguir que camine permanentemente pendiente de nosotros, sino que podamos comunicarnos cuando realmente lo necesitamos.
¿Qué haces con tu perro durante el paseo?
Esta es una pregunta que hemos planteado muchas veces a propietarios que nos dicen que su perro no les hace caso.
¿Qué ocurre cuando vais al parque? ¿Jugáis juntos en algún momento? ¿Interactúas con él durante el paseo? ¿Habéis trabajado la llamada? ¿O durante buena parte del tiempo cada uno está haciendo algo diferente?
No hay nada malo en que un perro explore por su cuenta o se entretenga con otros perros cuando la situación lo permite. Pero tampoco podemos esperar ser siempre lo más interesante del parque si nunca hacemos nada juntos.
El paseo también puede tener momentos compartidos. Podemos jugar, practicar alguna señal que ya conozca o simplemente conseguir su atención durante unos segundos y después dejar que siga explorando. Las actividades caninas también pueden ofrecer oportunidades para compartir experiencias y reforzar la relación con nuestro perro. Es importante que no nos centremos en convertir cada salida en una clase de adiestramiento. Lo esencial aquí es estar presentes.
Cómo hacer que mi perro me haga más caso
Empieza donde pueda escucharte
Si nuestro perro todavía tiene dificultades para responder en casa, pedirle que lo haga en medio de un parque lleno de perros probablemente sea exigir demasiado.
Primero podemos trabajar en un lugar tranquilo. Después introducir pequeñas distracciones. Más adelante trasladar ese aprendizaje a la calle. El nivel de dificultad debe aumentar a medida que el perro está preparado para afrontarlo.
Utiliza señales claras
Todos en casa deberíamos intentar utilizar las mismas palabras y con el mismo significado. Si para una misma acción utilizamos varias señales, las repetimos constantemente o unas veces significan una cosa y otras veces otra, estamos haciendo que el aprendizaje sea mucho más difícil.
La claridad ayuda al perro, pero también nos obliga a nosotros a pensar qué le estamos pidiendo.
Haz que prestarte atención tenga sentido
Cuando el perro decide venir, mirarnos o responder a aquello que le hemos pedido, nuestra reacción importa. El juego, nuestra interacción o aquello que resulte valioso para ese perro pueden ayudarnos a consolidar lo aprendido.
No todos los perros encuentran motivación en las mismas cosas y conocer al animal que tenemos delante es parte del trabajo.
No repitas una orden indefinidamente
Si hemos llamado cinco veces y nuestro perro no responde, decirlo una sexta vez probablemente no resuelva el problema. Es más útil preguntarnos por qué no está funcionando.
Quizá haya demasiadas distracciones. Quizá hemos avanzado demasiado rápido. Quizá la señal todavía no está suficientemente trabajada. Cuando algo falla de forma repetida, antes de culpar al perro conviene revisar el ejercicio y el contexto en el que se lo estamos pidiendo.
¿Qué hacer si mi perro no viene cuando lo llamo?
La llamada merece una atención especial porque no es únicamente una cuestión de obediencia. En determinadas situaciones puede convertirse en una cuestión de seguridad.
Conseguir una llamada fiable requiere trabajo y práctica. No deberíamos dar por hecho que un perro acudirá siempre porque conoce su nombre o porque en casa suele acercarse cuando lo llamamos. Hay que trabajar progresivamente y en situaciones diferentes.
Cuando existen dificultades concretas con la llamada, la atención u otras señales, las clases particulares de adiestramiento permiten trabajar de forma individual teniendo en cuenta las necesidades y circunstancias de cada perro.
Mientras la llamada todavía no sea suficientemente fiable, debemos ser prudentes a la hora de soltar al perro en lugares donde alejarse pueda suponer un riesgo. El objetivo no es comprobar hasta dónde llega su obediencia, sino trabajar sin ponerlo en una situación que todavía no está preparado para gestionar.
Mi perro antes me hacía caso y ahora no
También ocurre. Un cachorro que estaba muy pendiente de nosotros puede empezar a interesarse mucho más por su entorno al crecer. Aparecen nuevas distracciones, cambian sus intereses y algunas respuestas que parecían perfectamente aprendidas dejan de ser tan fiables.
También puede suceder que, al comprobar que nuestro perro responde bien durante un tiempo, nos relajemos y empecemos a dejar pasar pequeñas desobediencias. Si damos una orden, el perro no responde y finalmente no ocurre nada, puede aprender poco a poco que esa señal no siempre tiene que cumplirse.
Por eso es importante mantener cierta constancia incluso cuando parece que una orden ya está aprendida. La obediencia no consiste únicamente en conseguir que el perro responda durante el aprendizaje inicial, sino en mantener esas respuestas de forma estable en diferentes situaciones.
También debemos valorar si han cambiado sus rutinas, el entorno o las experiencias que está viviendo, ya que todos estos factores pueden influir en su comportamiento.
Cuando el problema no es simplemente que “no me hace caso”
No todo puede explicarse como una falta de obediencia. Si un perro gruñe, intenta morder, presenta miedo intenso, reacciona de manera desproporcionada ante determinados estímulos o tiene grandes dificultades para quedarse solo, necesitamos analizar el problema de otra manera.
En estos casos hablamos de situaciones que pueden tener causas muy distintas y que requieren una valoración individual. Intentar resolverlas simplemente consiguiendo que el perro “obedezca más” puede hacer que pasemos por alto información importante. Por eso, cuando una familia viene a Conductcan, necesitamos conocer algo más que aquello que el perro hace mal. Nos interesa saber cuándo ocurre, en qué contexto, cómo es su día a día y qué relación tiene con las personas y animales con los que convive.
Aprender a entenderse también forma parte del adiestramiento
Después de muchos años trabajando con perros y con sus familias, hay algo que vemos una y otra vez: detrás de un “mi perro no me hace caso” puede haber situaciones muy diferentes. Por eso no creemos que la solución consista simplemente en repetir una orden con más firmeza. A veces tendremos que trabajar la llamada. Otras, mejorar la atención. En algunos casos habrá que revisar cómo estamos planteando un ejercicio o cómo nos comunicamos con nuestro perro.
Cada perro tiene su carácter, sus experiencias y su manera de relacionarse con el entorno. Conocerlo es una parte fundamental del trabajo. Porque el objetivo del adiestramiento no debería ser tener un perro que responda mecánicamente a todo lo que decimos, sino conseguir una convivencia en la que perro y persona sepan entenderse y podamos comunicarnos con claridad cuando realmente importa.
