El Transportín, fundamental para el perro.

Siempre he defendido que la educación de un perro es una inversión en cuanto a energía se refiere: la mayoría de los perros nacen con el potencial suficiente para cumplir las expectativas de lo que cualquier amo podría exigir a su animal para considerarle el compañero perfecto.

Por otro lado, es evidente que si permitimos que ese potencial esté al servicio del desorden puede llevar a los dueños a arrepentirse del día en que decidieron incorporar un perro a la familia.

El perro necesita una pequeña ayuda de sus “tutores” para inclinar la balanza hacia el lado adecuado: no supone mucho trabajo conseguir el can de tus sueños, sobretodo considerando los grandes beneficios que nos reportaría el empeño. Una ayuda muy efectiva para conseguir este propósito es ordenar la vida del perro para que todo vaya por la vía del éxito, o lo que es lo mismo, no dar espacio al error. Y para ello una herramienta valiosísima es la utilización adecuada de un transportín.

El mayor problema de la utilización de una caja de transporte para animales como ayuda en la enseñanza de un perro está en la cabeza de los dueños; la mayoría de ellos piensan que sería horrible si a ellos “les metieran ahí”.

En las etapas de aprendizaje la instrucción tiene lugar en breves intervalos de tiempo en los que algún cabeza de familia saca a los pequeños del refugio siempre bajo la misma rutina:

1. Los estimula para que hagan sus necesidades, inculcándoles hábitos de limpieza desde bien pequeños.
2. Juegan con ellos estimulando y practicando las habilidades necesarias en un adulto para la sobrevivencia (por eso el juego tiene un papel fundamental en la educación del perro).
3. Los alimentan y los devuelven al cubículo que les ampara manteniéndoles seguros y calientes mientras descansan, favoreciendo además una digestión tranquila.

Esa misma metodología podemos llevarla a cabo con nuestros cachorros: el transportín debe suponer para su habitante una guarida que le ofrece seguridad para estar tranquilo, sosegado y a salvo, un sitio en el que puede refugiarse y disponer de privacidad y en el que por tanto estará a gusto. Si adaptamos a nuestro perro adecuadamente a esta madriguera moderna, la sentirá como su hogar.

Una vez que los amos asuman la cordialidad con la que el animal se adhiere a su casita portátil, estarán en la puerta de entrada al mundo mágico en el que no hay sitio para los errores. Para atravesarla sólo es necesario planear una agenda diaria con horarios precisos y rutinarios en la que el animal, en los ratos en los que está fuera de su nido, vive bajo supervisión permanente; Al abrirle la puertezuela le colocaremos la correa para poder controlarlo y no dar lugar a que se vaya corriendo por toda la casa mordiendo lo que no toca o ensuciando donde no debe. Lo acompañaremos al espacio que hayamos destinado para que se desahogue (ya sea en casa, en el jardín o en la calle) y le daremos unos minutos para que lo haga, permaneciendo quietos (si lo hacemos caminar para que él encuentre el sitio, sólo se distraerá de sus labores). Si no hace sus necesidades lo devolveremos al cubil y probaremos más tarde. Cuando las haga, le recompensaremos con entusiasmo y daremos paso a una sesión breve de instrucción (si corresponde) y con posterioridad a una de recreo; invariablemente jugaremos con él para acostumbrarle a sus juguetes. Antes de encerrarle, siempre le daremos agua y, si coincide en el horario, su comida.

Si el pupilo es un cachorro, es conveniente darle la cena unas horas antes de la última visita al baño para que pueda hacer la digestión y vaciar antes de afrontar toda la noche. Entonces deberíamos dejar el transportín en un espacio o habitación pequeña y sin riesgos (a prueba de cachorros) con la portezuela abierta para que pueda entrar y salir cuando sus esfínteres se lo exijan, a menos que estemos dispuestos a levantarnos para acompañarle “al lavabo” en mitad de la noche.

Lo mismo haremos de día si nos ausentamos durante más de tres horas.

No lo olvidemos: el está a gusto, tranquilo y a salvo. También es importante recordar que estas medidas son el camino a recorrer para llegar a tener en el futuro un perro que se quedará tranquilamente solo en casa en nuestras ausencias.

A medida que los días se suceden, el individuo ira afianzándose en sus aprendizajes y nosotros podremos distanciar progresivamente las salidas, a la vez que irán en aumento los periodos de tiempo que puede permanecer recluido. Cuando veamos que de forma consistente él vaya haciendo sus necesidades en el pipi-can que hemos estipulado, y que su masticación se dirija a los juguetes que le hemos asignado, podremos empezar a dejarle compartir con nosotros ratos cada vez más largos en casa, estando permanentemente controlado con la correa. De esta manera, siempre que la excitación del animal sobrepase los límites que estamos dispuestos a permitir, podremos reprenderle. Y si se obstina en su mal comportamiento lo devolveremos a su jaula para que se relaje y asuma que sólo podrá compartir espacios con nosotros mientras esté dentro de unos parámetros de tranquilidad.

En un segundo estadio, pautados por la consolidación definitiva de los avances del alumno, podremos ir retirando la correa manteniéndole siempre bajo nuestra supervisión de modo que podamos atajar cualquier contrariedad de manera inmediata. Es buena idea ir aumentando poco a poco el espacio de la casa al que tiene acceso. En esta progresión es recomendable que de tanto en cuanto desaparezcamos de su área para que se quede solo mientras nosotros estamos en casa para poder supervisar sus evoluciones. El fortalecimiento de estos pasos a través de la experiencia desembocará en la retirada progresiva de nuestra vigilancia, llegando el perro con el tiempo al autocontrol total en nuestra ausencia.

¿Cuáles son los beneficios de este procedimiento? ¡Son muchos! Conocerlos acabará de convencer a quien todavía esté indeciso:

• Instaurar de forma rápida y eficaz horarios y hábitos perdurables de limpieza, de alimentación, de juego y de ejercicio.

• Instalar un orden y una estructura mental en el animal que favorecen su desarrollo en un marco de seguridad y autoconfianza, con los subsiguientes beneficios de equilibrio que ello conlleva.

• Trabajar bajo un patrón de actuación sólido y progresivo para evitar la ansiedad por separación.

Evitar al cachorro los riesgos propios de una casa, como detergentes, lejías, cables eléctricos u objetos pequeños que pueden ser ingeridos accidentalmente.

Prevenir los comportamientos destructivos habituales en los canes jóvenes, focalizados en la masticación de ropa, calzado y mobiliario entre otros, con el consecuente dispendio.

Minimizar la posibilidad de errores, y cuando estos se producen se atajan enseguida imposibilitando que se conviertan en vicio; no hay error que pase inadvertido.

• Si se combina con un adiestramiento, el perro encara las sesiones de trabajo como su afición; Si holgazanea a discreción por casa, los compromisos se convierten en una obligación fastidiosa.

• Proporcionar al animal su sitio al que se podrá retirar siempre que quiera relajarse y estar tranquilo.

• Disponer en casa de un espacio donde recluirlo con tranquilidad siempre que haya visitas o trabajadores que no estén habituados o no deseen la presencia de animales (y que quizá le den de comer clandestinamente o descuiden alguna puerta o verja abierta…).

Minimizar el estrés que representa su transporte ya sea en el coche, en el avión o en compañías de carga. Podremos viajar con nuestro compañero con mayor facilidad, disponiendo además de dónde dejarlo durante aquellas visitas o actividades a las que no nos pueda acompañar. Considero importante recordar aquí que no se debe dejar nunca un animal en el interior de un vehículo en los meses de calor.

Facilitar su hospitalización si por desgracia un día fuera necesaria, así como disponer de un espacio seguro donde pueda recuperarse correctamente de sus dolencias o enfermedades si se le prescribe reposo.

Empezaba este artículo planteando que la educación del perro es una inversión. A la vista de las ganancias, creo que vale la pena la decisión.

Cuando hablamos de Adiestramiento Canino una de las herramientas que recomendamos tener es un transportín:

Al transportín le podemos dar muchas utilidades: como caseta para el perro, como para desplazarlo en coche, nos sirve también para buscar la tranquilidad del perro en momentos de ansiedad, para enseñar a los cachorros a controlar sus necesidades, darles su tiempo de descanso tan necesario para ellos, etc… Son muchas las ventajas que aportan la habituación al transportin.

Os adjuntamos algunas consideraciones a tener en cuenta a la hora de utilizar una caja de transporte de animales como herramienta educativa:

El tamaño del transportín debe permitir a su habitante sentarse y tumbarse cómodamente, lo que implica que pueda ir cambiando de posición y desperezarse estirando sus músculos de vez en cuando; si es capaz de entrar y dar la vuelta con facilidad en el interior para salir quiere decir que la medida del habitáculo es la adecuada.

A menudo los cachorros tienen un tamaño mucho menor que el que tendrán cuando lleguen a la edad adulta. Una buena idea para quienes adquieran un transportín grande en previsión de las dimensiones futuras del retoño es reducir temporalmente las dimensiones interiores colocando algún elemento que actúe como divisor; una travesera de madera o algún elemento voluminoso y consistente (a prueba de cachorros, quiero decir) nos ayudará a evitar que el sujeto haga sus deposiciones en un lado del cubículo y después duerma plácidamente en el otro extremo, restando eficacia a los propósitos que nos llevaron a utilizar este método educativo.

En aras del confort, muchos propietarios colocan en el interior del transportín alguna colchoneta o manta; es importantísimo destacar que sólo se deben instalar este tipo de elementos cuando el cachorro no los mastique, evitando que accidentalmente pueda atragantarse en nuestra ausencia con algún pedacito que haya arrancado.

Es importante recalcar que a menudo los materiales utilizados para ofrecer mayor comodidad al perro en su cubículo actúan como pañales, absorbiendo la orina del cachorro. No sería raro ver a nuestro pupilo durmiendo sobre el suelo de su estancia, seco gracias a que su empapador trabaja a la perfección hecho un gurruño en el extremo del cajetín. Revisando asiduamente el colchón que utilicemos evitaremos que salten las alarmas por los olores que pueden llegar a acumularse antes de que nos demos cuenta de que nuestro amiguito no es tan limpio como pensábamos.

Dónde situar el transportín es importante. Hay quien recomienda empezar situándolo cerca nuestro cuando el cachorro está dentro para evitar que éste asocie la madriguera con el dejarlo solo. Si escogéis esta opción, a medida que el inquilino se vaya acostumbrando a su casita podremos ir cambiándola progresivamente de habitación en habitación, situándola cada vez más lejos consiguiendo que el animal se sienta confortable independientemente de dónde esté ubicado.

Otra línea de trabajo sería empezar situando la caja de transporte desde el primer momento en una habitación aislada y tranquila. Se trata en este caso de beneficiar la gran necesidad de sueño y descanso de los pequeños (todos sabemos cuántas horas al día duermen los bebés humanos…). Es importantísimo respetar escrupulosamente esos períodos de descanso (no entrar a inoportunarle a deshoras), así como los intervalos de las salidas.

Sea como fuere, siempre es de ayuda iniciar al perro a su nueva guarida aprovechando los momentos de cansancio (después de un paseo o de un rato de juego). Este factor favorecerá, sin duda, la aceptación de un entorno tranquilo para reponer fuerzas. También la digestión produce somnolencia y se podría utilizar en la misma dirección.

Por supuesto conviene asegurarse de que el transportín se sitúe en una zona salvaguardada de las inclemencias del tiempo, incluyendo las temperaturas extremas. Debemos evitar la lluvia, el sol directo en verano y las corrientes de aire frío en invierno. Aprovecho de nuevo la ocasión para recomendar que no se debe dejar nunca un animal (enjaulado o no) en un vehículo en los meses de verano.

Hay un criterio sagrado que siempre debemos observar, independientemente de la sistemática que queramos llevar: Una de las premisas en la utilización de un transportín en la educación de un perro es que lo asocie a un estado de tranquilidad. Por lo tanto debemos prohibir completamente el acceso a éste de niños y de extraños siempre que el animal esté confinado, e incluso de nosotros mismos, si no coincide con su hora de salida. Definitivamente, no es buena idea ir a excitarle generándole expectativas de salida y diversión para obligarle después a que “siga allí dentro” bajo una pauta de tranquilidad. Categóricamente, no es recomendable dejar su perro sin supervisión en situaciones en las que personas extrañas (e incluso otros animales) tengan acceso a él.

Antonio Ruiz de Conejo
Conduct Can – escuela canina

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